Revista#8 - Arte y psicoanálisis | 7 octubre, 2025
Frédéric Chopin y Aurore Dupin (George Sand). “Timide et libertine, fragile et robuste…” Charles Baudelaire: Les fleurs du Mal.
por Irene Macek

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Frédéric Chopin y Aurore Dupin (George Sand). “Timide et libertine, fragile et robuste…” Charles Baudelaire: Les fleurs du Mal.

Irene Macek.

A veces las parejas marchan al mismo paso, con el mismo ritmo, aunque se dediquen a tareas diferentes. Dentro del arte es más notorio, y resulta muy curioso cuando ambos se encuentran en la plenitud creativa. La música transporta, transforma, es transparente; en tanto las letras son contundentes, lógicas, penetrantes, aún en su romanticismo. Pese a ello, son disciplinas con rasgos comunes, la ilusión y la comunicación.

El rechazo, antes que el flechazo.

Cuando se conocieron el compositor Frédéric Chopin y la escritora George Sand, ambos estaban en el auge de su producción; fue a través de Franz Liszt, en un evento musical realizado en el Hotel de France. El músico quedó impactado por los modales y vestimenta masculina de la escritora, al extremo que le comenta al oído, a su amigo Ferdinand Hiller: “¡Qué antipática es esta Sand! ¿Es de verdad una mujer?” Por otra parte, la escritora le pregunta a Madame Marliani, su íntima amiga: “¿Es éste un hombre? ¡Parece una niña!”

No se sabe cuánto hay de cierto en estos comentarios, sin embargo, quedan delineadas las características y la personalidad de cada uno. Chopin era un hombre refinado, atildado, un tanto tímido, pese a que cosechaba con agrado a las múltiples mujeres que caían a sus pies. Sand era rebelde, desprejuiciada y extravagante.

De ahí, que se vincule esta relación al epígrafe de Baudelaire: “Tímida y libertina, frágil y robusta”. La interpretación surge, a través de una velada musical realizada en casa de Chopin. En esta ocasión Sand aparece vestida con un traje típico del folklore polaco. Está decidida a todo, toma la iniciativa y hace un avance sexual.

Otro episodio.

Comenzando su relación se trasladan a la bucólica mansión de Nohant, cerca de Châteauroux, en el Berry. El panorama era un paraíso, ella cocinaba el “cafloutis” –postre favorito del músico- un crèpe de base, relleno con una especie de compota de manzanas. Con mucha dedicación lo servía para agasajar a Chips o Chipette, apodo que usaba con el músico en el trato privado, íntimo, afectuoso.

En ese entorno, Sand escribía sus novelas y ensayos, mientras Chopin se dedicaba a componer su música inolvidable.

El lugar se había convertido en un centro cultural importante, allí transcurrían reuniones con Franz Liszt, Eugéne Delacroix, Gustave Flaubert, Victor Hugo –padre e hijo- la actriz Marie Dorval, Honoré de Balzac, Heinrich Heine, poeta alemán y otras figuras destacadas; estando también presentes Maurice y Solange, los hijos que la escritora había tenido con su esposo legal, a quien abandonó después de ocho años de matrimonio.

Al cabo de un año.

En el verano parisino de 1838, se van a vivir al centro de la capital y se instalan en apartamentos contiguos, Chopin solo y Sand con sus dos hijos, más personal de servicio. Esta situación no dura mucho tiempo, ya que el médico del compositor recomienda otros aires. Cada uno viaja por su cuenta a Mallorca, donde se suponía que el sol iba a brillar siempre. No obstante, llovió todo el tiempo que pasaron allí. Estos eran los consejos médicos de la época, para tratar la tuberculosis –junto a la sífilis- otra enfermedad muy presente, en un momento donde aún no se conocían los antibióticos.

La suerte no acompañaba a la pareja, alquilaron una villa, Sant Vent, de la que fueron desalojados inmediatamente al enterarse de la enfermedad del músico, obligándoles a pagar una cuantiosa suma para desinfectar el inmueble. La nueva situación lleva a que se muden a la Cartuja de Valldemosa.

Peripecias en Valldemosa.

La Cartuja de Valldemosa, había sido un convento, que ni siquiera tenía un buen piano para componer. Chopin decepcionado, le escribe a Camille Pleyel, su amigo y fabricante de pianos en París, rogándole que le envíe uno. Entre los párrafos de su carta se lee: “Mi celda tiene la forma de un ataúd”.

Cuando finalmente llega el piano, ocurre un serio enfrentamiento con los mallorquines. Se presentan con temor a la enfermedad, al contagio, y hostiles por el tipo de relación que tenía la pareja: la consideraban una inmoralidad. Para presionarlos, intentan cobrar un precio desmesurado por la importación del piano. Sand los desafía, entre gritos y amenazas, consigue abaratar considerablemente dicho trámite. La enfermedad sigue avanzando y al cabo de un mes son expulsados de la isla. El estupendo piano Pleyel es vendido a muy bajo precio, porque nadie quiere un piano donde tocó un tuberculoso. En Barcelona se hospedan en el Hotel de las Cuatro Estaciones, allí deben abonar, de acuerdo a las normas sanitarias, el valor de la cama, dado que tendrán que quemarla, después del uso de un enfermo.

El suelo francés lo hace sentir mejor, en Marsella su salud repunta; deciden pasar una quincena en Italia y vuelven en mayo a Nohant dado que se aproxima el verano. Aun con los tratamientos, Chopin no logra superar los 45 kilos en su peso corporal.

La bohemia de los artistas, sumado a la enfermedad del compositor, los lleva de retorno a París en la primera quincena de octubre. Chopin elige en el “16 de la rue Pigalle” un apartamento que no puede pagar; si bien gana mucho, gasta de forma exagerada. Sand, lo auxilia, le consigue otro más barato y se hace cargo de los gastos.

Nohant y su aire campestre.

Sin lugar a dudas, los períodos transcurridos en ese lugar, fueron los de mayor agrado y bienestar para Chopin, pero todo tiene su contracara. La mansión había pertenecido a la abuela de Sand, Madame Dupin de Francueil, hija natural del Mariscal Mauricio de Sajonia, prestigioso militar durante el reinado de Luis XV.

Es una casa representativa del siglo XVIII, sólida, con la elegancia del campo francés, cuyo mobiliario se conserva en su estado original, junto a la araña de Murano, recuerdos familiares, las marionetas y el teatro que Sand solía utilizar. En otro orden, ella disfrutaba de su jardín, el huerto, la granja y el monte de árboles frutales. La casa está enclavada en un parque-jardín, hoy luce muros pintados en un color indefinido, cercano al palo de rosa, con una vieja pátina; además, alberga una antigua rosaleda. Cerca del jardín está el cementerio familiar, y la tumba de la escritora, en cuya lápida, con enormes letras, se lee su seudónimo: George Sand. Allí, descansan también sus nietas, quienes no tuvieron descendencia.

Esta propiedad era muy significativa para ella, en “Histoire de ma vie” escribió: “El castillo, si es que hay castillo (porque no es más que una mediocre casa de la época de Luis XVI) linda con el caserío y se asienta en el borde de la plaza rural sin más esplendor que una vivienda de pueblo”. Actualmente, en verano, la finca brinda conciertos musicales dedicados al período romántico.

Metamorfosis amorosa.

El lazo afectivo duró nueve años, la pasión sólo dos, en la medida que demos crédito a la carta que Sand envía a un amigo el 12 de mayo de 1847, donde expresa. “Hace siete años que vivo como una virgen. Con él y con los otros…”

En Nohant, bajo una apariencia lírica y romántica, latían conductas dispares y conflictivas. En una apacible noche de verano, Sand leyó lo último que había escrito hasta ese momento, la novela “Lucrezia Floriani”. Entre su núcleo de oyentes estaba, además de Chopin, Delacroix y Heine. Su relato consistía en la historia de una prestigiosa cantante, enamorada de un adolescente al que atendía y cuidaba como un hijo, porque su comportamiento distaba mucho de ser el de un amante. (No se debe olvidar que Sand era mayor que Chopin). Mientras se desarrollaba la lectura, el músico permanecía impasible, con la solemne compostura que ofrece la prudencia.

Más tarde, Delacroix comentaría a una amiga: “Pasé tormentos durante esa lectura. El verdugo y la víctima me asombraron por igual”. A su vez, Heine le escribió a su amigo Laube: “Ella maltrató escandalosamente a mi amigo Chopin, en una novela detestable pero divinamente escrita”.

La ruptura definitiva, como sucede en la mayoría de los casos, fue por divergencias de opiniones, sobre un tema donde Chopin apuntaba a la reflexión y cordura. Solange, la hija de Sand, insistía en casarse contra la voluntad de su madre. El enfado de ella era tal, que pretendió imponerle a Chopin que no pronunciara el nombre de la muchacha. La consigna era: “¡Si llegas a nombrarla en mi presencia, no vuelvas más!” Chopin giró sobre sus talones y nunca más volvió.

Perfiles.

(Ella) La escritora nació el 1º de julio de 1804 en Nohant, campiña que, debido a su apego y entrega, la consolidó como: “La buena dama de Nohant”. Así la llamaban sus modestos vecinos, por su generoso altruismo y por la intensa vehemencia cuando defendía pleitos de los lugareños. Este rasgo, que aparece tempranamente, se conjuga con sus ideales, ya que desde muy joven adhirió al socialismo.

No queda claro el motivo que determinó su crianza en el campo, bajo la égida de su abuela paterna, Madame Francueil, que le inculcó el amor por la lectura y la inició en la equitación, convirtiéndose en una salvaje amazona. Es probable que, de ahí, surgiera el gusto por la vestimenta masculina –más cómoda y más barata que los vestidos femeninos de la aristocracia- que aderezaba fumando cigarros o pipa.

Más tarde pasó a París para adquirir una educación formal, que se concretó en el Colegio de las Agustinas Inglesas. Aprendió a la perfección el idioma inglés, a dibujar y pintar, donde rendía de un modo aceptable, ya que su mayor interés estaba en las letras.

En 1822 su abuela decidió casarla, a los 18 años, con el barón Casimir Dudevant. Fue una boda por acuerdos, donde su elección no contaba; pese a ello duró ocho años y le proporcionó dos hijos: Maurice y Solange. Cabe detenerse en la marcada influencia de su abuela, puesto que su primer hijo –único varón- llevó el nombre del padre de su abuela, aunque el famoso militar de Sajonia no la reconociera.

En 1830, Aurore Amandine Lucile Dupin –su nombre verdadero- se fuga con Jules Sandeau a París. Él era un hombre un año mayor, reconocido como periodista y escritor. Viven de forma bohemia, rodeados de intelectuales y comienzan a trabajar en un pequeño periódico que acaba de comprar Hyacinthe Thabau de Latouche: “Le Figaro”. Sus artículos los firman a dúo, bajo el nombre de Jules Sand. Cuando la relación termina, ella elije para su primera novela “Indiana” (1831) el “nom de plume” George Sand, y de ahí en adelante queda instaurado en todos sus relatos, “Valentine” (1832), “Lélia” (1833), donde aborda los conflictos matrimoniales. En ese año inicia una relación con el poeta Alfred de Musset, quien ya era muy destacado. Él le dedica un libro, donde ella oficia de musa. El idilio duró casi dos años, luego de los cuales, en la vida de Sand, aparece una larga y surtida lista de amantes: un revolucionario, Michel Bourges, el botánico y poeta Charles Didier, el filósofo Pierre Leroux, el actor Bocage, el dramaturgo Féllicien Mallefille, Prosper Merimée y otros. Por último, llega el escultor y artesano Alexandre Manceau, cuyo vínculo amoroso comienza en 1849 y dura hasta 1864 fecha en que Sand muere de un cáncer de estómago.

Sin duda, Freud se hubiera hecho un banquete con esta seductora, inteligente, carismática “femme fatale”, que ejercía sus actuaciones de acuerdo a su voluntad, cuya gracia y belleza estaba muy lejos de los cánones de la época.

(Él) En Varsovia el 1º de marzo de 1810 nace Frédéric François Chopin, uno de los mejores representantes del Romanticismo musical. Fue profesor, pianista, compositor y un llamativo niño prodigio, donde su padre llegó a escribirle las primeras partituras, porque él aun no dominaba el método. A los 21 años se instala en París y no volverá más a su país natal, por razones ajenas a su voluntad. Sus actuaciones en conciertos públicos fueron pocas, prefería la intimidad de los salones. Era admirado por sus colegas, sobre todo por Liszt y Schumann. En todas sus composiciones, el protagonista es el piano solo, aunque escribió dos conciertos para piano y orquesta, además de la música de cámara -con la cual tenía más afinidad- diecinueve canciones con letras en polaco, mazurcas, valses, nocturnos, polonesas, sonatas, que redondeaba de forma genial con dos o tres tipos de tono.

Es importante tomar los ancestros de este franco-polaco. Era hijo de padre francés, Nicolás Chopin, quien llegó a Polonia a los 16 años. Afincado ahí, se casó con una aristócrata, Tekla Justyna Krzyzanowska, cuyo capital estaba en declive, pero él daba clases de francés y de literatura francesa para mantener a su familia. Tuvieron cuatro hijos, Ludwika, la mayor, seguida de Frédéric, el único varón y dos niñas más.

Su padre tocaba flauta y violín, su madre el piano. Tanto él como sus hermanas se criaron en un ambiente con intereses culturales, especialmente la música. Es probable que aprendió piano con su madre, luego tomó clases con un pianista checo, admirador de Bach y de Mozart.

Su aspecto fue de un niño frágil y de salud delicada, al que aplicaron algunas sangrías. En su adolescencia estudió en el Conservatorio de Varsovia, donde demostró dotes excepcionales para la música y la literatura.

Después de unos conciertos en Viena, donde tuvo una tibia aceptación; se encuentra frente a varios disturbios en su país y en Italia, esto lo lleva a decidir que debe ir a Londres vía París. Dificultades con visados, más otros papeles trancan su pasaporte y a causa de ello, se queda en París en octubre de 1831. Si bien, nunca volverá a Polonia, no perdió contacto con sus compatriotas, dado que, siempre se sintió polaco.

En una celebración ofrecida por los Rothschild, tiene oportunidad de exhibir su talento, y es a partir de ese momento que le llueven los pedidos de clases de piano para esta élite; situación que él no se planteaba, pero lo lleva a ganar dinero, mientras su prestigio se extiende por toda Europa.

En 1836 se enamora de una adolescente de 17 años, nueve, menor que él. Con ella, María Wodziuska, llega a comprometerse, pero, al conocer su enfermedad, la familia rompió el compromiso. Después de ella, llega el tortuoso paréntesis de su vida, al conectarse sentimentalmente con George Sand.

En febrero de 1848 da su último concierto en París, con un público ávido por escucharlo, que lo aplaudía y ovacionaba de pie. Los franceses le brindaban un reconocimiento, que nunca fueron capaces de tener los ingleses. Esto sucedía de modo tal, que llegó a señalar la particularidad de un público frío, que recibía la música de forma profesional y no como arte.

Europa está convulsionada, sangrientas revueltas se suceden, especialmente en los países del centro del continente. Los austriacos invaden, se apoderan del norte de Italia, su país también tiene estallidos y los conflictos se palpan en Francia, tanto que en una carta que envía a Solange –la hija de Sand- dice: “París está enfermo…” y a los seis días comienza la insurrección de febrero de1848. Frente a tanta incertidumbre, toma el impulso de viajar a Londres, alentado por Jane Stirling, una escocesa que se enamora de él -otra vez una mujer mayor, tiene 44 años- y pretende casarse, argumentando que es rica y que Chopin aún enfermo debe dar clases para vivir. Sobre este asunto se cartea con un amigo polaco, donde le confiesa: “preferiría desposarme con la muerte”. La respuesta de su amigo es tajante, le comenta que, aun si estuviera enamorado, no está en condiciones de casarse con dicha dama, porque las ricas buscan a los ricos, y si encuentran a un pobre, este no debe estar enfermo; ese era el razonamiento de su amigo Wojciech Grzymala.

Su angustia es tan grande que no disfruta de nada, aun recociendo lugares hermosos, no puede sentirse “en casa”, como en Francia. Su amigo Grzymala capta la posición delicada en que se encuentra y decide alquilarle un apartamento en París. Chopin deja en noviembre las brumas de Londres, después de haber cambiado, en siete meses, sesenta veces de domicilio. Llega a Francia extenuado, grave de salud y sin un centavo, consciente que el fin se aproxima.

Los alumnos y las damas que lo aplaudían iban a visitarlo, Delacroix estaba al firme a su lado todos los días, infundiéndole ánimo. Así, pudo trabajar en su última pieza: “Mazurca en fa menor”, publicada tras su muerte como Opus. 68, Nº 4.

Su hermana Ludowika se traslada desde Polonia, con su esposo e hija, para atenderlo en su casa de Place Vendôme 12. Allí, lo visitaba Solange, la hija de Sand y gente amiga. Ludowika, sólo estuvo intransigente con la escritora, no permitió que Sand traspasara la puerta para verlo; aunque ella insistió muchas veces.

Chopin sabía que estaba muriendo y pidió que se quemara su obra, excepto la primera parte que escribió del método para piano. Por suerte nadie tomó en cuenta su petición. Falleció en la madrugada del 17 de octubre de 1849, a la edad de 39 años. Aún agonizante, tenía la suficiente lucidez para despedirse con un apretón de manos y amables palabras de agradecimiento a los visitantes que lo rodeaban.

El obituario publicado en los periódicos dice: “Fue miembro de la familia de Varsovia por nacionalidad, polaco por corazón y ciudadano del mundo por su talento, que hoy se ha ido de la tierra”.

El funeral, se llevó a cabo en la Iglesia Sta. Magdalena, donde según las disposiciones de su testamento, se interpretaron sus “Preludios en mi menor y en si menor” seguidos del Réquiem de Mozart y durante su entierro –en el Cementerio de Père-Lachaise, se tocó la “Marche funébre” de su Sonata Opus 35.

Su cuerpo continúa en París, pero su corazón está –respetando su voluntad- depositado en la Iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

La obra de Chopin es la más original de la historia de la música, por la sonoridad de su lenguaje y técnica para abordar el piano de un modo poético, que lo introduce abandonando el estilo dieciochesco. Más tarde, su obra influenciará a otros relevantes compositores.

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