Revista#8 - Arte y psicoanálisis | 20 abril, 2026
Lo que brota: una ética de la resensualización
por Rossina Yuliani

Lo que brota

¿Puede un libro ser un “archivo”, una “biblioteca sensible”, una “cartografía biográfica”? ¿Una “artesanía terapéutica”, “un pedazo de vida”? Este es el gesto que ensaya Sofia Guggiari en su reciente libro Lo que brota. Erótica y Salud Mental. Un libro que interviene, conmueve, afecta. Que se adentra a “la riesgosa y sensual tarea de estar en contacto con la materia de los mundos que se abren” (Guggiari, 2025, p. 12).

Compuesto de dibujos, fotos y afiches, reúne textos y artículos escritos entre los años 2022 y 2024. En la intersección entre los feminismos, la política, el arte, la poética, la salud mental, la psicoterapia y el psicoanálisis, nos invita a repensar nuestros modos de relacionarnos con los afectos, el malestar, la escritura, la teoría y, principalmente, con lo vivo.

Lo que brota es el laboratorio de una plataforma metodológica: la elaboración de una “genealogía del contacto” (p. 34) para resensualizar, paganizar, despatologizar y desindividualizar la salud mental, el sufrimiento y la existencia.

En una búsqueda similar a la que hace Siri Hustvedt (2020) en La mujer temblorosa o la historia de mis nervios, Sofia Guggiari experimenta con sus propios síntomas y nos demuestra que lo público y lo íntimo, lo propio y lo colectivo, no son necesariamente opuestos. En Lo que brota, los diagnósticos y los malestares se abren. La maniobra es desterritorializarlos de la ontología y territorializarlos en la poética. Experimentar, intervenir, jugar, dar lugar. A partir de esta operación, la histeria ya no es solo una “enfermedad psíquica” sino un “territorio donde se juegan el rechazo y la sobreadaptación a los roles de género” (pp. 16-17), un espacio de ambigüedad entre “revuelta y sumisión”. De la misma manera, la melancolía comúnmente interpretada como un “trastorno del ánimo” puede ser la “constelación anímica de una revuelta” (p. 27), una forma de contacto más densa con el mundo. Por su parte, la psoriasis además de una dermatosis es una “alerta”, una clave que “susurra” lo que sabe y lee. Pero este movimiento lejos de romantizar el sufrimiento lo que busca es abrir territorios de investigación.

Fotografía de Sofía Bertolotti. Pintura colectiva realizada en el Atelier de la Nave de les loques en la presentación del libro Lo que brota el 27 de febrero de 2026 en Montevideo.
Fotografía de Sofía Bertolotti. Pintura colectiva realizada en el Atelier de la Nave de les loques en la presentación del libro Lo que brota el 27 de febrero de 2026 en Montevideo.

Con una lucidez escalofriante, por momentos irreverente y provocadora, Sofia Guggiari nos invita a imaginar una contra-salud y modos más amables del bienestar. Y lo hace acompañada de sus amigas malditas: Rolnik, Pizarnik, Dufourmantelle, Alfonsina, Santa Teresa de Avila, Lilith y las melancólicas anónimas del siglo XXI. Frente a la “depresión popular”, la “deserotización de la vida” y la “crisis vital” apuesta a una “ética de la resensualización” (p. 38). Abrirse a lo que brota es arriesgarse a las fuerzas de la imaginación, los sueños y el delirio. Un libro que contagia las ganas de escribirse, de contarse y de alucinarse.

No se asusten si la lectura les produce un “extrañamiento sensual” porque, como nos recuerda su autora “pensar, excitarse y sublevarse son la misma cosa” (p. 17).

 

Referencias bibliográficas

Guggiari, S. (2025). Lo que brota. Erótica y salud mental. Milena Caserola.

Hustvedt, S. (2020). La mujer temblorosa o la historia de mis nervios. Seix Barral.

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