Pluritemática - 23 septiembre, 2026
Notas sublimes
por Irene Macek


Las siete de la mañana, el despertador suena, Judith se revuelve en la cama no desea levantarse. ¿No quiere o no desea? El deseo… hace tanto tiempo que se esfumó, pero lo de anoche: ¡Soñar con Benitez! —Ahora hay que levantarse y cumplir con las tareas. ¡Como debe ser!— Judith se despereza, y echa su cuerpo desgarbado afuera. ¡A cumplir con todo!

Otra vez la rutina, entrar al baño parcialmente mojado, la cocina en desorden, levantar a los chicos, preparar las tostadas y el café.

Organizar la comida, algo rápido, atender a Eva, despachar el correo electrónico. Ya sé que nadie me va a mandar nada, y menos algo interesante, pero desde hace un mes o tal vez más, el correo de Jorge: ¡Eso sí que se ha puesto bueno! ¡Muy bueno y picante!

La aparición de Eva la hizo desviar sus pensamientos. Eva nació después del exilio, en Montevideo y todo se tornó distinto.

¡Cuántas cosas había compartido con Jorge! Él era lo que se decía entonces, “un compañero”, pero ella lo sentía como un niño, una suerte de resignación cotidiana que se marcó más y más con los años. Resuena aún su voz:

—¡Judith!… ¡Judy!…ayuditaaa… ¡Ayudame!, ¡por favor! No sé dónde están los libros que tengo que llevar, ni la agenda. ¿Dónde puse el reloj? ¡Llego tarde! ¿Podés atarme los cordones de los zapatos? Así termino de afeitarme. Fijate si no están por ahí los lentes y una lapicera. Elegime camisa y corbata, que voy a la editorial.

Se dispone a leer el correo, a eliminar la propaganda-basura, y vuelve a sentirse observada por los ojos rasgados, y la babeante expresión de Eva. Por decir algo exclama: ¡Eliminar! Si fuera fácil como el correo: ¡solo apretar un botón! Eva la mira con una sonrisa y Judith piensa: hoy, no puedo caer en ese abismo.

—A ver, a ver, ¿Qué tenemos? ¿Y esto? -INVITACIÓN: “Con motivo de festejar los 50 años de su creación, la Cátedra de Armonía tiene el agrado de invitar a Ud…” No podía dar crédito a lo que leía: una invitación para ella sola. ¡Todavía la recordaban! Anoche había soñado con Benítez. ¡Cómo y cuánto pensó en él, cuando estuvieron fuera del país! En esa época vivía la esposa, ahora… ¿Estaría solo? Sintió cierto trastorno, una desorganización interior, cierta inquietud, alguna vez, se reconoció perturbada frente a la fugaz y acariciadora mirada de Benitez, que la sacudía, la conmocionaba, y la alegraba. Siempre había sido un tipo muy atractivo, aunque le llevara unos años, unos cuantos años. Él ya estaba consagrado por entonces, con títulos de Legión de honor, y doctorados Honoris Causa, condecorado por reyes y recibido en Universidades.

El reloj es un tirano. ¡Qué frase boluda! No se le ha ocurrido otra cosa y debe tomar fuerzas. Se dispone a husmear el correo de Jorge, tiene que empezar por ahí ahora. Aunque pensándolo bien, primero va a cambiarle los pañales a Eva que espera callada. Por lo menos el confort y la dedicación, conmigo, lo tiene asegurado —musita amargada— Algo es algo, se dice… suspira y arranca, incorporándose.

***

Llueve… En otro punto de la ciudad, en el rincón de una confitería, hay dos mujeres con atuendos elegantes que saborean café absortas en su conversación.

—¡Raquel! A esta altura, más que un marido, se necesita un coro griego.

Tenés que aparentar que ellos son lo más importante del mundo, así te dan y dan… ¡No te rías!… bah, eso también… pero, quiero decir, que las mujeres, escondemos todoooo!

—Me rio de la forma que lo decís. ¡Manuela! Me cuesta creer, que no puedas con ese tipo.

—Se me están agotando los recursos y las lágrimas.

—¡Tus armas favoritas! ¡Las lágrimas! Me acuerdo cuando te frotabas los ojos con

cebolla, o te lavabas la cara con azafrán y fingías hepatitis.

—Ahora estoy más sofisticada, el otro día, mientras él hacía café, le rocié con perfume la solapa del abrigo. Es un intelectual, no creo que se acuerde que no lo llevaba puesto cuando me abrazó.

—Uy, comprendo… de ella, de la mujer no me contaste nada.

—¿No te dije que fue integrante de una orquesta sinfónica? ¿O de cámara? No sé la diferencia, para mi es lo mismo. La bruja esa, daba recitales, conciertos.

—Ah, es concertista.

—Es un espantapájaros, con una mongólica colgada en la espalda, como una india del Altiplano.

¡Pobre Jorge! ¡Lo que debe sufrir! Me contó que la niña se llama Eva, casi le ponen Ema, pero él no quiso, por Madame Bovary… ves, así aprendo.

—¡Cargándolo!

—¡Conversando! Ahora, conversando. En otros lados te mandan leer y leer. ¡Eso no es lo mío!

—No sé qué te dio por escribir. Siempre pensé que ibas a ser actriz.

—Es simple, en el teatro te aplauden y al terminar la función, chau…en cambio escribir no se apaga, claro, si es un disparate quedás pegada. Por eso tu amiguita…

—¡Vos sí que tenés recursos!

***

Listo, piensa Judith, como cuando éramos niños: “pronto, listo y ya”. Veamos que tiene Jorge, quien diría, yo jugando a la escondida. En realidad muy escondido no tiene nada, el correo está ahí para “mostrarse”, para que yo lo vea, para sentirse importante. Hace un mes, o más, llegó muy tarde en la noche, algo ya me había adelantado, pero no siempre estoy atenta a sus compromisos. Lo que recuerdo de esa tarde, es la llamada telefónica de Manuela, la insistencia que tuvo en subrayar que Jorge la llamó y no la encontró. Le expliqué todos los pasos a seguir para ubicarlo, y pensé por un momento: hay gente que tiene habilidad para hablar y no decir nada. Ella, con su voz pastosa y de urraca, repetía —de norte a sur, de este a oeste, de arriba abajo, de derecha a izquierda, y más— ¡Que Jorge la había llamado!

Esa noche él llega contento. Judith tiene una bandeja con la cena, se la alcanza mientras Jorge cuenta como se demoró.

—¿Te acordás de Manuela? Me quedé tomando café con ella.

—Ah…sí, te llamó esta tarde.

—Te la había presentado. Es una pituca.

—Sí, la del presumido sombrero gris.— ¡Es lo único que me quedó!

—No hay mucho más en esa cabeza, con decirte que: ¡Es más loca que vos! Dice que quiere escribir. ¡Qué piensa en la ducha!

—¿Se bañará todos los días? Prosaica es, pulcra no sé.

—No seas mala, dice que sos muy elegante.

—Elogio inmerecido ahora. ¿Es joven no?

—Tiene diez años menos que nosotros. ¡Pobre!… me contó toda su vida… ¡Es una desgracia!… está casada con un gay.

—¿Y?… cada cual se casa con quien quiere, con quien elige; unos para toda la vida, otros por un rato… Yo no creo en las pasiones tristes… ¿Acaso en el amor se necesita una declaración de sexo?

Deberíamos aprender de los griegos. Con la civilización judeo-cristiana, en lugar de avanzar, hemos perdido el respeto por los derechos y deseos de la gente.

—¡Vos siempre tan liberal!

—Tanto, como para decirte…que sería incapaz de controlar tu alma y tus deseos. ¡Ojalá pudieras decirme lo mismo!

—Bueno, bueno… Manuela me pidió ayuda, frecuentó varios talleres con poco éxito, le voy a dar una mano y apoyarla como pueda. ¿Qué te parece?

—Hacé lo que quieras. La verdad, no la recuerdo. Es muy tarde, me voy a dormir.

***

Comenzaron los encuentros y con ellos un cambio en Jorge, ya no se quejaba de dolores varios. Estaba abocado a que Manuela publicara, le restaba horas al sueño, seguía escribiendo en la cama. Ahora Judith soportaba casi toda la noche la luz en la cara, internamente prefería los ronquidos a este desacomodo, a este insomnio impuesto, del cual para nada quería participar. Necesita sus horas de descanso: es dormilona.

Jorge había tenido suerte, es cierto que era estudioso y trabajaba como una bestia —dedicándose de lleno a lo que le interesaba— se había hecho un nombre, una reputación en el exterior, y al volver, su prestigio aumentó más aún. No así la cuenta bancaria, llegaban a fin de mes apenas, y de eso, era ella quien se ocupaba.

Trataré a vuelo de pájaro de curiosear en el correo. Esta mujer además de tener una vida liberal y azarosa, tiene unos disparates ortográficos que pretende subsanar con su holgura económica.

Hay tres correos que no fueron abiertos, esperaré. ¡Tres en un día! Veamos alguno de los otros. ¡Hay más de setenta en un mes! Este asunto puede ser jugoso:

Sorpresas y más de una”: …no fue una alegría leerte, fue una gran emoción, aquí no hay alegrías…no tengo ansiedad, pero sí, una gris tristeza, no quiero sacar conclusiones, pero debo decirte lo importante que sos en mi existencia

Seguiré con otros, por donde caiga el mouse:

la vida es la vida y lo que se presenta, hay que tomarlo, lo único a evitar es la muerte y sus asociadosno dejemos que se nos esté llendo de las manos…”

Esta “vagabunda” me está dando una lección de vida. De ortografía no puede, ¿llendo?, o quiso decir: oliendo…

—Tengo ganas de ir a la fiesta. ¿Irá Benítez? ¿Y si lo llamo? No, seguiré leyendo. ¿Qué hay por acá? Hasta ahora Jorge la mantenía a raya, pero va cayendo en sus redes. ¿Qué le escribe? Esta mina, lo está ablandando. A ver cómo contesta:

…la intención, Manuela, es desmantelar ideas erróneas, aspiro sólo a alimentar el potencial creativo que existe, y poner a dieta otros potenciales… porque nada es barato ni gratis…y me siento como “cazador-cazado…”

¡Hijo de puta! ¡No dice casado!…calma Judith, calma. Él sigue con su espíritu pigmaliónico. ¡A seguir investigando! Ah, este mail promete, tiene nombre de película americana de los años cincuenta:

—“Champagne y Glamour”…he sido equilibrada en todos los actos de mi vida…somos dos, que por algo, se necesitan en algo…soy bulímica con la vida, ¡hasta la última gota!…

Ufa… ¡Las mujeres sabemos todos los trucos! Ella quiere un peón, por eso aguanta el elogio-destrato. Un amante es para sentirse en el Olimpo, en comunión, pronunciando al unísono la misma frase ¿O las mismas notas? Ya me desvié…

Jorge está aturdido. ¿La utilizará en algo que escriba? ¿Qué dijo? Que era un personaje de intriga de novela negra.-Me pregunto: ¿musa se nace o se hace? Ella no sabe dónde se mete, ser musa es ser esclava. ¿Y dónde está el correo aquel en que Jorge me pidió asesoramiento musical? Humm, parece ser este:

vos avanzabas en el salón, como una nota musical, esbelta y gris…eso eras, un acorde matinal, en espentagrama gris

¡Qué lucida rata gris! Poco lúcida, simple y gris.- No recuerdo la causa, pero la vestuarista de la orquesta, tenía una tesis contra el gris. ¿Cuál era? Bueno… ¿Qué me pongo para la fiesta? Leo otro, el último:

—te pido que ni bien leas esto lo ELIMINES!!!…si bien mi ansiedad bajó, hay alguien, que yo desearía que no supiera mi nombre, ni mi existencia; eso me coharta, me condiciona

¿Te coharta?, ¿Qué es eso?… ¿Harta de algo? ¿A vos, qué te condiciona, nena? ¡Ah…Casanovas femenino! Seguís con tu acoso aleteando desde las sombras. Jorge me comentó que siempre busca líos con tipos casados, para que todo sea simétrico. ¡Simétrico! ¿Con quién? ¿Con el gay? ¿Con ella? Vaya uno a saber… ¡Mucho sexo y poco seso! ¡Pobre “casanoviana”! Por salir en letra de molde, hace cualquier cosa. Bah…está fechado del día dos, y estamos a veintinueve.

En alguna agenda vieja tengo el número de Benítez. ¿Qué hago? ¿Lo llamo?

No es fácil hablarle.

Ah… ¡Lo que se evita invita! decía la panadera Josefa.

¿Y si él no me recuerda?

Guille se acerca moviendo la cola, debe ser Jorge, cerraré todo rápido y meteré los tallarines en la olla.

—¡Hola!.. Estoy un poco atrasada… me llegó una invitación de la Cátedra de Armonía… Ya van a estar los fideos.

Jorge hace un ademán, indica que puede esperar, y se pone a teclear en la

computadora. Judith pasa cerca de él y alcanza a ver: manuela@…

Vuelve a estar sola, bueno, sola es un decir; la acompaña Eva y Guille, que juega y la divierte como si fuera un cachorro.

Tengo que sacar fuerzas para llamar a Benítez, me daré ánimo con un trago de… ¿Qué tengo? Ah, vodka, alguien me dijo que se puede tomar y no deja olor. Igual, la tecnología no avanzó tanto como para transmitir el aliento por teléfono.

—¡Hola!

—Bue… buenas tardes… si fuera tan amable: ¿podría hablar con el Maestro Benítez?

—Sí, habla él.

—Maestro… tal vez no se acuerde…yo fui alumna suya, pero por poco tiempo, mi nombre es Judith Cuevas.

—¡Pero querida! ¡Cómo no me voy acordar! El timbre de tu voz me resultó conocido, en el momento no lo pude ubicar, pero ahora me acuerdo: ¡Judith Keller! ¿Verdad?

—Bueno, sí…las dos.

—Escribiste una variación del Fandango Asturiano, que el propio Rimsky-Korsakov te habría aplaudido mucho. ¿Tú viviste en el extranjero verdad?

—Sí, volvimos hace cinco años, estoy un poco despegada del ambiente; con ganas de meterme más, pero… Ud. sabe, esas cosas: marido, hijos, pañales…siempre hay algo o una excusa para postergar.

En el exterior compuse: hasta escribí tango. Y mientras lo hacía, pensaba

¿Qué me corregiría Ud. si lo viera?

—¡Mi querida! ¡El tango no es sinfónico!

Igual, con mucho gusto vería todas tus composiciones.

Te recuerdo creativa, organizada y con talento. Claro, todo eso hay que alimentarlo con trabajo y esfuerzo. El trabajo es lo que te mantiene, por lo menos a mí, desde que Patricia falleció.

Hace ocho años que estoy viudo y todavía me siento perdido como el primer día.

—Sí, ustedes eran muy unidos, los recuerdo siempre juntos. ¡Era tan linda! Y virtuosa.

—Es cierto, es cierto, es así. ¡Patricia era divina! Fueron muchos años de matrimonio. No tuvimos hijos…—y la voz se le quebró—.

—Bueno… pero ahora tiene sus alumnos, el reconocimiento de la gente que formó, los que son famosos y brillan por el mundo. ¡No se achique Benitez! ¡Oh!, perdón Maestro

—No te preocupes, ahora, todos en el ambiente me tutean y lo podés hacer vos. Llamame Tomás.

—Gracias, Tomás.

—¡Judith! ¡Es un nombre musical! Me acuerdo cuando estabas en la orquesta, las dos cabezas se destacaban, Patty y vos tenían el mismo color de pelo, eran las más rubias… ¿Cuándo venís por el centro? Porque yo sigo viviendo en la Plaza Libertad.

—Voy a menudo, mi papá vive en el centro desde que está solo.

—Entonces, decime cuando podés, tengo el piano recién afinado, el violín de Patty está impecable. Traé todo lo que escribiste. ¿Te parece el martes?

—Sí, sí. El martes en la tarde. ¿A qué hora?

—A la que te quede bien… ¿Puede ser a las seis?

—A las seis, Tomás. ¡Hasta el martes!

—A las seis… te esperaré con una taza de café y Armonía.

—¡Hasta el martes!…(dicen a dúo)

A Judith le corrían las lágrimas por el rostro, el corazón le latía con más frecuencia.

¡Él se acordaba de ella! ¡Qué emoción! ¡Se acordaba de todo!

¡Tomás, Príncipe del Sonido! El de las manos rápidas, blancas como palomas, rozando el teclado como una brisa…el de los ojos profundamente azules.

—Patty tenía el arco, pero vos eras la flecha: — Tomás: “¡voi che sapete che cosa è amor!”(1)… ¡Tomás!… ¿Tomás?… Tomá… Tomá-más… ¡Tomame!… Vení… Vení y te… Venite… Vení-tez-oro… ¡Vibran acordes! mientras acaricia la partitura de su cuerpo, como si ejecutara a cuatro manos penetrante contrapunto… Apoyatura… ¡Clave de Sol!.. Ligadura… Tenuto… Fa, sos-te-ni-do… Mi, Redonda… La, Negra… Corchea… Arpegio… Pizzicato… Moderato… ahí, ahí, Si, mayor… Crescendo… Sostenido… Vibrato… Andante… Vivace… ¡Allegro! ¡Allegro con brío!…¡Ah!… tomás Ritmo… Percusión… Fortissimo… una nota más… Mordente… Trino… Acento en Blanca… Pianissimo… Lento… Semi-corchea… Compás de espera… Bemol… Pausa… Silencio… y Finale… ¡Música Celestial!… ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah! …

 

(1) De la ópera “las Bodas de Fígaro”.

El paje, Cherubino, es un personaje que pregunta a la criada, Susana, y a la Condesa Almaviva: “voi che sapete che cosa è amor”, cuya traducción es: “Uds. que saben que cosa es el amor”.

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